dilluns, 23 de setembre de 2013

MADRID: disabte 28 de setembre manifestació antimonárquica

Elefantes.
Con motivo de la manifestación Jaque al Rey, el próximo sábado 28 de septiembre, compañer@s de organizaciones andaluzas Constituyentes, en este caso de Almería, Granada y Jaén; nos han hecho llegar este manifiesto para su divulgación como forma de apoyo tanto a la convocatoria en Madrid como al nuevo proceso constituyente por parte de la ciudadanía.


POR UN PROCESO POPULAR CONSTITUYENTE, 

¡JAQUE AL REY!


Consta ya en los orígenes griegos de nuestra cultura, que una sociedad entra en un proceso de descomposición o corrupción cuando el régimen político vigente se halla deslegitimado, y se muestra la situación más extrema en el caso de que dicho régimen esté montado sobre la tapadera de un crimen político. Se llegó a tener conciencia de que un régimen ilegítimo es como la peste para el pueblo, una epidemia que no termina hasta que no se acaba con esa injusticia.

Y eso es lo que se ha puesto de manifiesto en esta crisis, en sus rasgos propios de nuestro país. El régimen de 1978 ha terminado por aparecer  como lo que era, una mentira, una impostura, con una transición en la que la monarquía sirve para establecer una continuidad y no una ruptura con la dictadura franquista, que fue un crimen político permanente desde el principio hasta el fin. De modo que, según aquella idea y experiencia expresada en nuestra cultura más originaria, hace más de 25 siglos, hasta que no se reconozcan y reparen los crímenes franquistas nuestra sociedad no puede practicar un camino de verdadera paz y verdadera prosperidad.

Ahora ya es claro para todo el mundo que no hubo verdadera reconciliación. Y hoy el 95% de la ciudadanía ve que esta supuesta democracia es corrupta, directa o indirectamente, por acción u omisión. Por tanto, falsa, impostora. Lo que hay que reconocer con valentía y obrar en consecuencia.

Este régimen político carece totalmente de la llamada “legitimidad de ejercicio”, es decir, que practica una política antipopular. La política de este sistema corrupto es la pérdida de derechos laborales, los desahucios, los recortes en sanidad y educación, en la ayuda a la dependencia, en las pensiones, es el agravamiento de la crisis ecológica –se ponen incluso trabas al uso de energías alternativas- la profundización  de la desigualdad –económica, de género, etc.-, la explotación y marginación de la juventud, la ocupación partidista y sectaria de todos los resortes del Estado, la amputación de derechos autonómicos y locales, y un largo etcétera de pérdida de derechos adquiridos por el pueblo y la ciudadanía. En vez de avanzar hacia una economía de la cooperación y el beneficio colectivo, tal y como se esperaba del llamado "Estado social", se retrocede hacia el capitalismo salvaje del siglo XIX. Es una situación en la que, como ha dicho un conocido escritor, en una revista de gran difusión, nos levantamos aterrados imaginando las medidas que sacará el gobierno contra la gente. La caja de Pandora que guarda todos los males se ha abierto, pero nunca el sufrimiento del pueblo, sobre todo de sus sectores más vulnerables, sale gratis, y la irresponsabilidad de las élites, generalizada en la economía, en la política y en los otros ámbitos sociales, la paga cara la sociedad como tal.

Es manifiesto el desajuste o la incompatibilidad entre este sistema y nuestra sociedad del siglo XXI, con su incalculable  potencial histórico.

No pretendemos abrir las heridas ni, como dicen algunas personas, sacar réditos políticos partidistas de la memoria histórica, sino afrontarla con sinceridad y equidad, restableciendo la verdad (como se dice, una sociedad que no aprende de sus errores está condenada a repetirlos), y no seguir fiando la solución a los problemas en este régimen y su “clase política”, de cuya “convenida decadencia” hablaba el auto de la Audiencia Nacional que exculpó a nuestras compañeras por la acción ”Rodea el Congreso”.  Basta ya de seguir con la inercia del régimen, basta ya de autoengaños.

En esta acción antimonárquica no nos dirigimos al rey sino a la ciudadanía, sobre todo a esa que trabaja y paga impuestos y a aquella otra que ni eso tiene, estando en el paro o en la marginación, para manifestarle que, se quiera o no, se acepte o no se acepte, estamos de nuevo ante el reto histórico de la conquista democrática, de la libertad ciudadana frente a la tiranía disfrazada de democracia.

Y, precisamente, el cuestionamiento de la monarquía nos sitúa de lleno en ese momento democrático. Más allá de la utilización de la palabra “república” para encubrir dictaduras incluso, el republicanismo es una concepción política que concreta y configura el de democracia. El poder del pueblo como poder de ciudadanía, la autoorganización colectiva, el pluralismo  -no como justificación de los privilegios sino como base del reconocimiento recíproco para el constante esfuerzo de construcción de la voluntad general o el establecimiento y realización del bien social o común. Lo que necesitamos es una verdadera sociedad fundada en unos mínimos sociales perfectamente garantizados, una ciudadanía motivada para el trabajo y, en general, para el cuidado de su Ciudad: Ésta es la idea básica del republicanismo, la de una ciudadanía activa y responsable, liberada del paternalismo monárquico.

Hoy aquí, en este momento crucial y ante toda la ciudadanía, no proclamamos ninguna ideología particular sino el Derecho y la Justicia, o sea, la ética, y solo con la ética podemos salvarnos. Pero la ética no es suficiente, hay que cambiar las estructuras, el sistema, las reglas políticas: iniciar un proceso popular constituyente.

Y ello con las potentes armas de la resistencia activa no violenta, en el bien entendido que, si la respuesta violenta es mala, peor aún es no hacer nada ante la injusticia, como decía Gandhi.

En esta época está claro para todo el mundo que esta situación no se debe a una catástrofe natural, que no es como un fenómeno meteorológico, ni a la torcida naturaleza humana fruto del pecado original, sino a las malas estructuras o las reglas fallidas –en buena medida heredadas- de este sistema. Cambiarlas por otras verdaderamente democráticas, es decir, favorables a la ciudadanía como tal, es el  reto, la salida política, la auténtica vía política practicable.

Por todo ello, planteamos  las siguientes exigencias:

1) La dimisión inmediata del Gobierno.
2) La disolución de las Cortes Generales.
3) La abolición de la Monarquía.
4) La apertura de un proceso constituyente.
5) La elaboración de una Constitución hecha por el pueblo y para el pueblo.

Estos postulados los consideramos IRRENUNCIABLES.